Made in Abyss: el engañoso mundo de fantasía que esconde uno de los animes más oscuros y perturbadores
Por Redacción · Madrid

Un abismo que guarda secretos inconfesables
Hay animes que engañan desde el primer fotograma. Made in Abyss es, sin duda, el más hábil en esa trampa: sus personajes tienen ojos grandes y redondeados, su paleta de colores recuerda a las ilustraciones de un cuento infantil y la música de Kevin Penkin transmite una melancolía casi inocente. Sin embargo, bastará con avanzar unos pocos episodios para comprender que debajo de esa fachada se esconde una de las obras más despiadadas y emocionalmente exigentes del anime contemporáneo.
La serie se ambienta en Orth, una ciudad construida alrededor de un agujero ciclópeo de profundidad desconocida llamado simplemente el Abismo. Nadie sabe cuándo apareció ni quién lo excavó, pero su interior alberga reliquias de civilizaciones extintas, criaturas imposibles y paisajes de una belleza abrumadora. Exploradores llamados Excavadores se adentran en él en busca de artefactos valiosos, y la sociedad entera ha construido su economía y su cultura en torno a ese descenso perpetuo.
Lo que hace único al Abismo como escenario es su mecánica narrativa: bajar es relativamente sencillo, pero subir genera una maldición física que se vuelve más grave cuanto más profundo se ha llegado. A poca profundidad provoca náuseas y mareos; en las capas intermedias, alucinaciones y hemorragias; en las más hondas, pérdida de la humanidad o la muerte. Este sistema convierte cada metro de descenso en una decisión irreversible y carga cada escena de tensión genuina.
La obra fue publicada originalmente como manga web por Akihito Tsukushi en 2012 en el portal Takeshobo y trasladada a formato tankobon desde 2013. Su adaptación al anime llegó en 2017 de la mano del estudio Kinema Citrus, cosechando un reconocimiento inmediato que sorprendió incluso a los seguidores más veteranos del medio.
Historia y personajes: la inocencia que desciende hacia el horror
La protagonista es Riko, una niña huérfana de doce años que vive en el orfanato de Orth y sueña con convertirse en una gran Excavadora como su madre, Lyza, desaparecida en las profundidades del Abismo hace años. Riko ha heredado la determinación de su progenitora, pero no su rango: es apenas una novata de casco rojo, el nivel más bajo de la jerarquía. Todo cambia cuando encuentra en una de las capas superficiales a un robot con apariencia de niño al que bautiza Reg.
Reg no recuerda nada de su pasado. Posee un cuerpo mecánico extraordinariamente resistente, unos brazos extensibles capaces de alcanzar decenas de metros y un cañón de alta energía en su brazo llamado Incinerador. Cuando Riko recibe un mensaje que parece provenir de su madre invitándola a descender hasta el fondo del Abismo, ambos deciden emprender el viaje juntos sin posibilidad de retorno.
A lo largo de su descenso, el dúo encuentra a Nanachi, una criatura humanoide con apariencia de conejillo que conoce los secretos de las capas profundas y que carga con una de las historias más desgarradoras de toda la serie. Su compañera Mitty, transformada irremediablemente por la maldición del Abismo, representa el coste real de la exploración y funciona como una advertencia narrativa que la obra no suaviza en absoluto.
El antagonista más recordado de la primera temporada es Bondrewd, un Excavador de rango máximo cuya cortesía impecable y curiosidad científica ilimitada esconden experimentos que resultan difíciles de procesar. Tsukushi lo construyó como un espejo perturbador de los propios protagonistas: también él ama el Abismo con devoción absoluta, solo que su ética ha quedado enterrada en alguna capa que nadie quiere visitar.
Por qué conecta con el espectador de forma tan visceral
El éxito de Made in Abyss no reside en sus momentos oscuros per se, sino en el contraste calculado entre la ternura de su forma y la brutalidad de su fondo. Tsukushi obliga al espectador a encariñarse con sus personajes usando todos los recursos visuales asociados al anime más amable, y luego somete a esos mismos personajes a pruebas físicas y emocionales que otros títulos reservarían para adultos. Esa disonancia genera una incomodidad productiva: uno no puede mirar hacia otro lado porque ya ha invertido emocionalmente.
La serie también conecta con quienes valoran los mundos construidos con rigor interno. El Abismo tiene reglas, estratos, ecología propia y una historia que se va revelando por capas, literalmente. Los fans de la exploración y del misterio encuentran en cada nuevo nivel tanto maravilla como amenaza, una tensión que recuerda a los mejores momentos de la literatura de aventuras clásica. Al igual que ocurre con obras como el manga de Naruto, que construyó un universo shinobi con reglas precisas e historia generacional , Made in Abyss demuestra que la solidez del worldbuilding es la base de cualquier emoción duradera.
Otro factor decisivo es la música de Kevin Penkin, compositor australiano que desarrolló una partitura orquestal de rara ambición para una producción de animación. Temas como Underground River o Hanezeve Caradhina alcanzaron popularidad independiente de la serie, una señal inequívoca de que la banda sonora trasciende su función de acompañamiento para convertirse en un personaje más.
Por último, la obra no ofrece consuelo fácil. Los sacrificios tienen consecuencias permanentes, los personajes pierden cosas que no recuperan y el Abismo nunca revela sus secretos sin cobrar un precio. Esa honestidad narrativa, tan escasa en el entretenimiento contemporáneo, genera una fidelidad casi fanática en su audiencia.
Producción, manga y el legado del estudio Kinema Citrus
La primera temporada de trece episodios emitida en 2017 fue producida por Kinema Citrus, estudio fundado en 2008 por veteranos de Bones y Production I.G. La dirección corrió a cargo de Masayuki Kojima, conocido por su trabajo en Monster, quien supo trasladar la densidad narrativa del manga sin sacrificar el ritmo visual. La animación recibió elogios generalizados por su capacidad para hacer del Abismo un lugar simultáneamente hermoso y amenazante.
En 2020 se estrenó la película Made in Abyss: Alba del Alma del Amanecer —conocida en Japón como Akatsuki no Yōkakyoku—, una historia original ambientada en la ciudad de Ilblu que amplió el universo sin depender de los arcos del manga. La segunda temporada, Made in Abyss: El alba del alma del amanecer, llegó en 2022 adaptando el arco de la Ciudad de los Colores Irreales y confirmó que la franquicia mantenía su capacidad para sorprender y perturbar a partes iguales.
El manga de Tsukushi continúa publicándose, aunque con una cadencia irregular que los lectores han aprendido a aceptar. A fecha de 2025 contaba con catorce volúmenes recopilatorios y su publicación en España corre a cargo de Milky Way Ediciones. La profundidad mitológica que Tsukushi ha ido añadiendo a los estratos más bajos del Abismo sugiere que aún queda mucho por contar. La comparación con obras fundacionales del anime como Akira de Katsuhiro Otomo, que también usó un entorno devastado para explorar la naturaleza humana , resulta pertinente: ambas demuestran que el medio puede sostener densidades narrativas que la imagen real raramente alcanza.
Kinema Citrus consolidó su reputación internacional gracias a Made in Abyss y ha pasado a considerarse uno de los estudios con mayor ambición artística de Japón. La dirección de arte de Osamu Masuyama, responsable del diseño visual de los distintos estratos, recibió reconocimientos específicos dentro de la industria por su uso del color como indicador de peligro y profundidad.
Dónde verlo y por qué su legado sigue creciendo
La primera temporada de Made in Abyss está disponible en Amazon Prime Video en España, con subtítulos en castellano y doblaje al español latino. La película Alba del Alma del Amanecer y la segunda temporada también se encuentran en la misma plataforma. Para quienes prefieran el doblaje al castellano de España, conviene verificar la disponibilidad actualizada, ya que la distribución ha variado según el territorio a lo largo de los años.
El impacto cultural de la serie en el fandom internacional ha sido considerable. Desde su estreno, Made in Abyss aparece de forma recurrente en listas de los mejores animes de la década en publicaciones especializadas de Japón, Estados Unidos y Europa. Su presencia en convenciones de todo el mundo, con cosplays de Riko, Reg y Nanachi entre los más elaborados, confirma que la obra ha generado una comunidad fiel y activa.
Más allá de los datos de consumo, lo que hace perdurar a Made in Abyss es su insistencia en tratar al espectador como alguien capaz de procesar la complejidad moral. En un mercado saturado de isekai y shonen de fórmula, la propuesta de Tsukushi resulta refrescantemente exigente. Cada descenso al Abismo es también un descenso a preguntas incómodas sobre hasta dónde llega la ambición humana y qué estamos dispuestos a sacrificar por el conocimiento.
Si buscas un anime que combine maravilla visual, construcción de mundo rigurosa y una honestidad emocional que pocas obras se permiten, Made in Abyss es una experiencia que no se parece a ninguna otra. Eso sí: ten el mando cerca, porque habrá momentos en los que necesitarás hacer una pausa para procesar lo que acabas de ver.
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